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domingo, 14 de febrero de 2010

Sin rumbo.


Calles de Londres. Ves pasar a la gente, gente extraña. O quizá la extraña seas tú. Caminas despacio, las manos en los bolsillos. Explotan fuegos artificiales sobre ti. ''Feliz año nuevo'', te susurras a ti misma. Y deseas que sea verdad, que el año que acaba de realizar su entrada triunfal sea un feliz año. Pasa corriendo un hombre calvo, que te empuja levemente al pasar junto a ti. Pide disculpas apresuradamente y prosigue con su carrera. Probablemente haya tenido problemas para llegar, algún atasco, piensas. Ahora se dirigirá hacia un hogar donde le esperan grandes cantidades de turrón y mazapán, combinados con el dulce sabor de los abrazos navideños llenos de cariño. No es que te importe realmente. Tú solo buscas salir y vagar sin rumbo, esperando quizás que el destino se apiade de ti y te envíe algo que te desvíe de tus pensamientos. Mientras esperas a que ocurra, piensas. Piensas que la ciudad brilla a esa hora de la noche, los copos de nieve caen formando una graciosa danza, y resplandecen frente a los faros de los coches que se dirigen Dios sabe dónde. Piensas que a pesar del frío que hace, te encantaría tenderte en el suelo y dejar que la nieve se posara sobre ti para sentirte parte de ella. Piensas que te gustaría hacer cualquier cosa menos volver a ese infierno que muchos llaman tu casa, en el que nunca cesan los gritos y las peleas. Piensas en coger el primer autobús que salga con rumbo ''Lejos de aquí'', podrías ir a cualquier parte. Podrías empezar a tener sueños, a seguirlos, a cumplirlos. Podrías hacer tantas cosas... Hay momentos en los que te sientes capaz de todo, cuando coges algo de papel y un bolígrafo, y dejas que tu imaginación escriba por ti hojas y hojas de palabras que se entrelazan y juegan a formar canciones hermosas, poesías conmovedoras. Entonces llega alguien que con una simple y dura mirada de reprobación te arranca todas tus esperanzas. Y le haces caso, por que no sabes cómo no hacerlo. No tienes valor. Entonces oyes gritos y decides salir. Simplemente salir. Como estás haciendo ahora...
Piensas en la ultima pelea que has tenido con tu padre. Ha dicho muchas cosas. Demasiadas... Una lágrima resbala por tu mejilla y al caer forma un pequeño agujero en la nieve que ya está empezando a cuajar. Entonces levantas la cabeza, miras al frente y ahí está él. Sonríes, no puedes evitarlo. Es tu salvación, en todos los sentidos. La única persona capaz de amarte no solo por cómo eres, sino también a pesar de lo que eres. Te pones de puntillas, y sin dejar de mirarle a los ojos hasta el último momento, le besas como no lo has hecho nunca. Sientes sus brazos alrededor de ti, protegiéndote. Susurra a tu oído que te ama, y agarrados de la mano camináis a través de esa mágica ciudad. Sin rumbo. Sin destino, has decidido que no crees en él. Por que no es el destino quien decide quién eres, sino tú misma. Solo tú.

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