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martes, 25 de enero de 2011

Día perfecto a tu lado.

Una mañana. Aparentemente normal. Las 8 de la mañana y mis ojos se abren mirando como entras en la habitación con las manos en la espalda. Como te acercas a mi con tu mejor sonrisas y como me das un dulce beso en los labios, sacando de tu espalda un pequeño ramo de 6 rosas, rojas, como nuestros labios cuando nos besamos hasta hartarnos. Tu mano me ayuda a levantarme de un salto, mientras me llevas en brazos hasta la ducha. Una ducha fría y caliente a la vez entre risas y agua. Salir y que me envuelvas con tus brazos mientras nos secamos entre besos. Me tapas los ojos con un pañuelo, mientras me montas en tu coche, ese que tanto me gusta por el simple echo de pasar en el mil momentos juntos. Quilómetros noto que pasan bajo las ruedas mientras canto entre risas las canciones de la radio. La mejor melodía tu voz. Esas palabras que me vas diciendo mientras pregunto impaciente como una niña cuanto queda. Llegamos y me empiezas a quitar ropa, mientras con los ojos cerrados te empiezo a quitar yo ropa a ti. Los dos desnudos, yo sin ver, me coges en brazo y conforme vas andando voy oyendo el sonido del mar cada vez más cerca cuando de golpe noto el agua en mi cuerpo, abrazado al tuyo, entre tus brazos. La mejor sensación. Por fin me quitas la venda y te miro riendo, besándote con ganas, dejandote sin respiración, ahogandome yo en el beso mientras bajo de tu cuerpo, nadando como un pececito feliz. Desnuda frente a ti, sin vergüenza sin temor. Después de mojados, vestirnos lo justo entre caricias y miradas de amor y pasión. Sacando del maletero una cesta llena de comida. Con fresas, chocolate, nata, helado y una botellita de vodka. Un mantelito rojo puesto contra la arena de la playa, los dos sentados metiéndonos comida mutuamente, echándonosla por el cuerpo, comiendo el uno del otro, entre más de mil besos y mordiscos, mil caricias y mil susurros. Dulce comida. Las 4 de la tarde. Hora de volver al coche. Subir y ir directos al cine. Una película de miedo, para asustar y estar pegaditos, y tras esa, una de amor, para llorar entre besos de amor, besos salados. Terminar las dos películas. Las 9 de la noche. Hora de cenar. Vuelta al coche. Espera, ¿donde estamos? No es el coche, es un barco, un pequeño, modesto y dulce barco. Con una mesa en la proa con velas, y comida. Un solo plato. Comer juntos, todo juntos, como mejor se hace. Terminar de cenar mi comida favorita. Un chapuzón en el río, en bañador, mientras nos ahogamos más por los besos que por el agua. Volver al sitio donde todo empezó. Mi habitación. Sin nadie en casa. Llegar en sus brazos entre miles de besos, con la ropa fuera en mitad del pasillo. Entrar de su mano y sonreír mientras en el techo, miles de fotos en grande de los dos, de miles de momentos. En la cama, miles de pétalos de rosas, y en las mesitas varias velas de colores claritos y llamativos. Tumbarnos en la cama entre besos, abrazados y más caricias, entre mordiscos y susurros, entre el sueño y la realidad y después de todo, dormir apoyada en su pecho.

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