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viernes, 28 de junio de 2013

ahí está, a solo dos zancadas de ti. Dos movimientos y podrías poseerla. Dos gestos y harías cerrar sus ojos de placer con uno de esos besos eternos, fríos y apasionados a la vez, por el miedo y por el amor. Pero... eres demasiado imbecil y crees que no está dentro de tus posibilidades y que aunque la toques sabes que no es tuya.

Horas y horas contemplandola, secandole las lágrimas amargas que ella misma se comía por dentro. Horas eternas que se hacian segundos cuando sonreía, cuando caminaba, cuando miraba.
No tiene mucho a lo que adorar a la vida, y tu eres el que siempre le guías para que adore las pequeñas cosas bonitas que si hay. Le enseñas a confiar, a saber como ser ella, Le enseñas la vida y sus respuestas.
Sabes perfectamente que si tiene cualquier cosa que contar va a ser tu teléfono el primero en sonar y que te lo contará todo tal y como es, tal y como lo siente...
Sabes que no esperará a ir a verte cuando te entren ganas de odiar a todo, sabes que irá hasta tu puerta y cuando abras se te caerá todavía más el mundo, porque está allí pero no eres su dueño.
Sabes que os consolareis mutuamente cuando la vida os deje de lado, que ireis a cualquier sitio y os reireis de las rayadas pasadas.

Y ahora la tienes a simplemente dos zancadas, ¿y después de todas esas cosas sigues creyendo que no es tuya? Aveis estado queriendoos en silencio durante mucho tiempo, y la gente se daba cuenta, menos vosotros dos.
Ella está con la mirada perdida en el suelo, apoyada ligéramente en la esquina de la pared, con los pies juntos y con la melena caida, como sus ojos.
Lo está esperando, hace mucho, hace mucho.
Sabes que ahora mismo te está mirando de reojo, sabes que habeis estado todo este tiempo tonteando como niños chicos. Lo sabes, sabes que este es el momento.

Sin saber como empezar a dar esas dos pequeñas zancadas que os separan giras la mirada hacia arriba con la mano apoyada en la cabeza e intentas disimular mirar si hace mal o buen tiempo. Pero... todo este jaleo para una sola zancada. Ella está soltando una pequeña sonrisilla porque lo ve, lo está viendo todo aunque no lo parezca.
Entonces piensas que es inutl seguir haciendo el estúpido, al cuerno con todo, lo que tenga que ser será.
Das ese pequeño paso con seguridad y valor, le agarras finamente la cintura y ella asoma su cabeza del suelo, y te ve a ti. Te está viendo y está feliz, contenta.
Ahora sabes que es la misma sonrisa que cada tarde que has pasado junto a ella, ahora sabes que estos gestos ya han estado presentes de forma inconsciente en otros momentos.
No hay marcha atrás, no te has dado cuenta y sus labios y los tuyos se han adaptado de tal forma que te da la impresión de que sus labios han estado acompañado de los tuyos desde toda la vida.

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