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jueves, 5 de septiembre de 2013

Nos sobran d(r)amas

Tiempo muerto. Tiempo nuestro. Es increíblemente apasionante tu don para tergiversar mis palabras cuándo intento alejarme del (d)olor.
No sé si sabes que la música sigue soñando en la bañera, que las bragas no apagan, que el gato está en la nevera. Eres el caos de mi hogar. Las sábanas me gritan desde que te fuiste, dicen que quieren tus huesos. Les he dicho que los perros de la vecina del primero han hecho cosas muy feas y que no volverán a saborearlos. No me creen. No me crees.
Dices que me quieres. Dicen que me mientes. Ya no sé ni lo que digo. Mi madre no responde a mis llamadas, dicen que ha cambiado el tono de llamada, ahora en vez de 'all you need is love' suena 'satisfaction'. No la culpo por ello. A veces, cambiamos más de gustos que de posición.
No sé si me explico. No sé si quiero que me entiendas. Aquí las cosas han cambiado demasiado, ahora la gente no sonríe, sólo se queja de todo, dicen que quieren trabajar. ¡Qué estúpido! Yo quiero trabajar para esconderme de ti. Irme lejos a cualquier país que no me pida explicaciones.
Está bien, está bien. Dejémonos de dramas. Y de damas. Que yo lo que quiero es tumbarte en lavadoras, bajarte los pantalones, besarte el alma. Escapar del bullicio de la mente y de la gente, que me llames por las noches echándome de menos. Mojado. Chorreando. Quiero acariciarte las rodillas por las mañanas. Desayunar orgasmos de la mano del placer que te corre por las venas. Que me mires y no puedas contener las ganas que me tienes. Que la Luna nos sonría, pasando de estar llena a ser media-luna. Saborear tus ojos cuando despiertes. Mentirte diciéndote que no puedo seguir con ésto, que me voy. Y en el ascensor de tu casa componer una canción. Salir y llamar al sótano, esperarte ahí abajo, dónde los deseos tienen sabor y las manos llegan al corazón. Cuando me tocas me hago grande; yo, que siempre he sido tan pequeña. Entre latido y latido sale un marcapasos a decirme "es él, es él, yo no he sido". Como la vieja canción que de niños cantábamos... pío, pío, que yo no he sido.
Eres como abrazar inviernos. Te noté en la mirada que tenías ganas. Eres de los que adoran el frío, la lluvia, y no se lo cuentan a nadie. Yo soy de las que se desviven por llevar bufanda, vaqueros largos y perderme en una sudadera. Pero, lo confieso, cuando me cruzo contigo, quiero que nada exista. Ni las bufandas, ni los vaqueros, ni ese entrometido sujetador. Soy extranjera cuando comienzas a hablarme demasiado bonito. Siempre me gustó la poesía, pero tu eres algo superior. Magia, tal vez.
Quise que fueras efímero, rápido, fugaz, pero tu me miraste y adivinaste mi propósito demostrándome querer algo más de mi. Exprimirme. Más de cien millones de noches, más de mil besos, más de lo que alguien tan grande como tú podría contener. Y esa misma noche te confesé lo inconfesable. Hicimos estrellas fugaces en la oscuridad.
A veces cuando río, parece que eres tú.
Te escribiría un beso y te evaporaría entre versos.
No quiero amaneceres contigo, los quiero contra ti.

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