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martes, 19 de agosto de 2014

Necesidades.

-¿Sabrías hablarme de la necesidad de inmolarse al Arte? Sacrificarse adrede solamente para hacer algo con lo que quedar satisfecho, ya implique pretensiones profesionales o no.

-Creo que te has inventado esa necesidad. Yo qué sé, me pides que te explique una necesidad que yo no he tenido nunca. Y que creo que nadie ha tenido nunca. "VOY A PRENDERME FUEGO EN HONOR DE ESTE LIENZO", pues mira, no. A mi no me apetece, no sé.
Ahora en serio, ¿a qué te refieres?


-No sé explicarme con claridad, me temo. Hay quien por tal de escribir un poema decente se pone triste aposta, y eso le daña el adentro. De todos modos creo que ni siquiera es una pregunta. ''La humillación imperdonable de la excesiva intimidad'', me gusta esa frase.

-"Pasa que al despertar tuve ganas de escribir. Y cómo me gustaría que en vez de esto que voy diciendo fuera una novela con personajes y todo. Llevar una agenda, tomar notas como Trigorine en La Moullete, perfectamente vestida, manos mías más pálidas posadas sobre cuartillas, escribiendo con una pluma de cisne. Seria, serena, diciendo qué interesante, pronunciando conferencias, interpretando históricamente, sociológicamente, antropológicamente, políticamente, lo que pasa afuera: los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa. Serena, leyendo los diarios todos los días, salvada, tal vez casada con un señor serio y sereno, el amor dos o tres veces por semana, hasta Hegel, ¿y por qué no leería a Hegel?, suena el timbre, la señora está trabajando, no está visible (ningún hombre es visible), hubiera querido ser Rimbaud o Baudelaire pero sin sus sufrimientos, qué vivo. Por la tarde, música –a veces dodecafónica (expresión contemporánea: qué interesante)- o pintura, hasta Vassarely, hasta Mondrian, qué interesantes, hasta la política, leer los diarios dándose cuenta de lo que insinúan entre líneas –no sólo las historietas y las páginas literarias como ahora sino responsablemente, serenamente-. Por la noche: comida en casa del escritor X o de la escritora Z. Copa de armagnac en mano pálida y enjoyada hablo de los suplicios chinos, fumo prudentemente, consulto mi reloj, me levanto a las 23.30 porque –buenas noches, encantadora la velada- en la medianoche ya debo estar en la cama de manera de levantarme al otro día serena y despejada a las 7.30 y trabajar hasta el mediodía, comida sana, vitaminizada, sobriedad, no alcohol, no excitantes, no gracias, no mescalina, no haschich, no ácido lisérgico (naturalmente, he leído todos los libros sobre el tema: qué interesantes). En el verano al borde del mar –Capri, Saint Tropez, Santander, San Sebastián, Punta del Este, Mar del Plata, Córcega….- sin escribir nada puesto que reconstitución, reconstrucción, reacumulación, sol, mar, arenas, no, no gracias, pero sin sus sufrimientos, sin haber sufrido lo que sufrieron."
Diarios, A. Pizarnik
"No sé si nadie entiende que quiero a esta señora con todas mis fuerzas. Y a quien se pone triste PARA escribir un poema yo lo llamaría idiota. Pero en fin."
La frase es de Gil de Biedma.


-¿Crees que Pizarnik siempre escribió lo que le salió del adentro? ¿Crees que nunca se forzó a escribir de esa forma tan... suicida?, ¿que todo fue natural?

-"Lo que le salió del adentro" me suena mucho a cante jondo, pero sí. Absolutamente. Julio Cortázar se enfadó con ella por estar demasiado triste. No sé si se puede fingir eso.

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